"Es extraño... Aún sabiendo que tiene que terminar, cuando termina siempre sientes ese remordimiento inevitable de <<¿Hice lo correcto?>>"
"-Oye, yo nunca pretendí...
+Tú nunca pretendes hacer daño, pero lo haces, Alfie..."
"Ahora que él no puede tenerla, piensa que no puede vivir sin ella. Algunas personas son graciosas."
"Siempre que usted encuentre a una mujer hermosa, solamente recuerde que en algún sitio hay un hombre que está harto de estar con ella."
"Resistencia: habilidad para recuperarse de los desengaños amorosos. Capacidad para volver a lanzarse, volver a la vida."
"Lo malo de los sentimientos es que tienen ese modo sigiloso de aflorar cuando menos te lo esperas."
"Nunca sabes qué harás hasta que ames a alguien."
"En todas las relaciones siempre llega lo que llamo el momento del <<oh oh...>>, cuando algo pasa y sabes que es el principio del fin. Y de repente, te pones a pensar y, oh oh... hay un tempano por delante."
"Aunque tu novio intelectual, con su brazo en tu hombre te lo niegue (y lo negará), a nosotros, los hombres, sólo nos importa el C.P.T: Cara, Pechos, Trasero."
"¿Sabes qué dicen? Que la absenta enternece el corazón."
"-He estado mirando tu plan empresarial.
+¿Qué opinas?
-¡Estoy impresionada!
+Pareces sorprendida.
-¡En absoluto! Porque debajo de toda esa bravuconearía, late el corazón de un tipo mucho más listo de lo que él cree, pero mucho menos gallito de lo que quieres hacernos creer a todos.
+¿Y se puede saber en qué basas ese análisis de mi personalidad?
-En que los iguales se reconocen."
"Encuentro que, últimamente, hasta mentirme a mí mismo me resulta fácil."
"-Alfie, ¿seguro que estás bien?
+Sí, tranquila, yo siempre estoy bien."
"Se lo advertí a todas desde el principio. Siempre les dije algo por el estilo a: debes saber que llevo grabada una advertencia invisible. <<Nada de compromisos, nunca me casaré.>> A pesar de mis esfuerzos, empiezo a notar algunas pequeñas grietas en mi... capa exterior. Veréis, cuando reviso mi insignificante vida y todas las mujeres que he conocido, no puedo evitar pensar en todo lo que han hecho por mí y en lo poco que he hecho yo por ellas, en cómo cuidaron de mí, se preocuparon por mí, y yo les correspondí no devolviéndoles nunca el favor. Sí, creía que era el que sacaba mayor beneficio, ¿y qué tengo, en serio? unas monedas en el bolsillo, algunos trajes caros, un coche elegante a mi disposición... Y estoy soltero, sin ataduras, ¡libre como un pájaro! No dependo de nadie y nadie depende de mí. Mi vida es sólo mía... Pero no tengo la consciencia tranquila, y si no tienes eso, no tienes nada. Así que no puedo dejar de preguntarme... ¿cual es la respuesta? ¿Qué sentido tiene todo? ¿Sabéis lo que digo?
lunes, 11 de noviembre de 2013
Citas: "Persiguiendo a Amy."
"Mi consejo es: olvídala, macho. Sólo hay una zorra en el mundo. Una zorra con muchas caras."
"Hay que respetar la demostración pública de afecto. Es enfermiza, es grosera, es absorbente, pero ya sabéis... es amor."
"Te quiero. Y no como se quiere a un amigo, aunque creo que somos grandes amigos, y tampoco de ese modo en que se tiene cariño a un perrito, supongo que tú lo definirías así. Te amo, es muy sencillo y muy sincero. Eres el compendio de todo lo que he buscado siempre en otro ser humano. Sé que tú piensas en mí sólo como amigo, y que cruzar esa línea es lo más alejado a una opción que vayas a considerar, pero... tenía que decirlo, es que ya no puedo soportarlo más. No puedo estar junto a ti y reprimir mis ganas de abrazarte... y no puedo, no puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión sobre la que sólo se lee en las novelas románticas baratas. No puedo hablar contigo sin querer expresar el amor que siento por todo lo que eres. Sé que esto seguramente joderá nuestra relación, no va con segundas, pero tenía que decirlo, porque nunca había sentido algo así. Y no me importa, me gusta quien soy debido a esto, y si sacarlo a la luz significa que ya no vamos a poder salir juntos, entonces me duele, pero Dios, es que no puedo dejar pasar otro día sin soltarlo todo, independientemente de las consecuencias, las cuales, a juzgar por tu mirada, serán un inevitable rechazo. Y, ¿sabes? eso lo aceptaré, pero sé, sé que una parte de ti está dudando en este momento, y ese momento de duda significa que tú también sientes algo. Todo lo que te pido es que, por favor, no te niegues a ese sentimiento e intentes aceptarlo durante diez segundos. Dios, Alyssa... no hay otra alma en este jodido planeta que nunca me haya hecho sentir ser la mitad de la persona que soy cuando estoy contigo, y arriesgaría esta amistad por la posibilidad de tener algo más, porque creo que eso es algo que está entre tú y yo, no puedes negarlo. Incluso si nunca... si nunca volvemos a hablar después de esta noche, por favor, entiende que me has cambiado para siempre por ser quien eres, y por lo que significas para mí. Eso, a pesar de que te lo agradezco, es algo que no necesito que ningún cuadro de pajaritos me recuerde."
"Fue un error. No estaba enfadado con ella, estaba asustado. En ese momento, me sentí pequeño, como si me faltara experiencia, como si nunca fuera a estar a su nivel, como si nunca fuera a ser bastante para ella, ¿me entiendes? Pero lo que no comprendí es que eso le daba igual. Ya no estaba buscando a ese tío, me estaba buscando a mí, buscaba a Bob. Pero cuando llegué a comprender todo eso ya era tarde. Ella se había ido, y todo lo que me quedó fue un orgullo estúpido que luego dio paso al arrepentimiento. Sí, ella era la chica, ahora lo sé. Pero yo la eché de mi lado... Y desde entonces me paso los días persiguiendo a Amy."
"Hay que respetar la demostración pública de afecto. Es enfermiza, es grosera, es absorbente, pero ya sabéis... es amor."
"Te quiero. Y no como se quiere a un amigo, aunque creo que somos grandes amigos, y tampoco de ese modo en que se tiene cariño a un perrito, supongo que tú lo definirías así. Te amo, es muy sencillo y muy sincero. Eres el compendio de todo lo que he buscado siempre en otro ser humano. Sé que tú piensas en mí sólo como amigo, y que cruzar esa línea es lo más alejado a una opción que vayas a considerar, pero... tenía que decirlo, es que ya no puedo soportarlo más. No puedo estar junto a ti y reprimir mis ganas de abrazarte... y no puedo, no puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión sobre la que sólo se lee en las novelas románticas baratas. No puedo hablar contigo sin querer expresar el amor que siento por todo lo que eres. Sé que esto seguramente joderá nuestra relación, no va con segundas, pero tenía que decirlo, porque nunca había sentido algo así. Y no me importa, me gusta quien soy debido a esto, y si sacarlo a la luz significa que ya no vamos a poder salir juntos, entonces me duele, pero Dios, es que no puedo dejar pasar otro día sin soltarlo todo, independientemente de las consecuencias, las cuales, a juzgar por tu mirada, serán un inevitable rechazo. Y, ¿sabes? eso lo aceptaré, pero sé, sé que una parte de ti está dudando en este momento, y ese momento de duda significa que tú también sientes algo. Todo lo que te pido es que, por favor, no te niegues a ese sentimiento e intentes aceptarlo durante diez segundos. Dios, Alyssa... no hay otra alma en este jodido planeta que nunca me haya hecho sentir ser la mitad de la persona que soy cuando estoy contigo, y arriesgaría esta amistad por la posibilidad de tener algo más, porque creo que eso es algo que está entre tú y yo, no puedes negarlo. Incluso si nunca... si nunca volvemos a hablar después de esta noche, por favor, entiende que me has cambiado para siempre por ser quien eres, y por lo que significas para mí. Eso, a pesar de que te lo agradezco, es algo que no necesito que ningún cuadro de pajaritos me recuerde."
"Fue un error. No estaba enfadado con ella, estaba asustado. En ese momento, me sentí pequeño, como si me faltara experiencia, como si nunca fuera a estar a su nivel, como si nunca fuera a ser bastante para ella, ¿me entiendes? Pero lo que no comprendí es que eso le daba igual. Ya no estaba buscando a ese tío, me estaba buscando a mí, buscaba a Bob. Pero cuando llegué a comprender todo eso ya era tarde. Ella se había ido, y todo lo que me quedó fue un orgullo estúpido que luego dio paso al arrepentimiento. Sí, ella era la chica, ahora lo sé. Pero yo la eché de mi lado... Y desde entonces me paso los días persiguiendo a Amy."
lunes, 4 de noviembre de 2013
Caída y salvación.
Hoy he echado la vista atrás, he cogido mis recuerdos y los he puesto en la balanza. Hay que ver lo que cambian las cosas, cómo cambia la vida, cómo cambia el mundo. Hace cosa de un año lo perdí todo, las ilusiones, las esperanzas, y hasta las ganas de vivir. No sé si conoces esa sensación de tenerlo todo, el sentir que tu vida está completa y que no necesitas nada más. Bien, si es así, ahora párate a pensar qué pasaría si de golpe alguien te lo arrebatara todo. ¿Doloroso, verdad? Así me sentí yo. Esa sensación de estar en una caída constante, el querer estrellarte contra el suelo y dejar tus restos esparcidos por las baldosas, la sangre salpicando las caras de los espectadores. Pero no dejas de caer, no cesa por mucho que lo desees.
Pasé meses cayendo sin sentido, aturdida y mareada. Por el camino creí que podía intentar volar, pero sólo fue un paracaídas provisional que frenó un poco la caída, sólo por un tiempo. Los hilos se rompieron, me enredé en ellos y volví a caer a toda velocidad y más indefensa que nunca. Te encontré por el camino, tú también caías, aunque no querías que así se viese. Parecía que flotabas. Tú, tan seguro de ti mismo, tan fuerte, tan diferente. Aún así, no quise verte. Me había acostumbrado a la caída, significaba que mientras cayese seguiría conectada a lo que me había soltado. Supongo que ya no quería aterrizar, quería seguir en ese vacío, agarrándome a mis recuerdos. Recuerdo que revoloteaste a mi alrededor, intentaste darme alas, pero yo no quise aceptarlas y te espanté como si de una mosca se tratase. Lo que no vi fue que no era una mosca, si no el fénix que me haría resurgir de las cenizas. Pero no lo ví. No quise verlo. "Tiempo al tiempo" dijiste. Yo no escuché. No quise escuchar. Seguía cayendo, pero ahora tú vigilabas mi caída, cada metro que descendía, tú lo estabas controlando. Siempre tan controlador y seguro de ti mismo. A pesar de mis negaciones, tú no abandonaste. Estabas ahí, y yo te veía, pero no quería verte. Y no sé cómo llegó, cómo ocurrió, acabé viéndome amarrada a ti, cesando la caída, apaciguando el dolor. Creaste nuevas cadenas y borraste las anteriores. Conseguiste devolverme la esperanza, como un ángel alado que trae la salvación a la Tierra. Sólo que no era la Tierra, si no mi vida, y tú la estabas arreglando. Me acunaste en tu pecho y luchaste con la fe de que mis heridas sanasen y abriese los ojos para verte. Y te vi. Eras tú. Y nuestros pies tocaron el suelo. No hubo dolor, ni golpe, ni sangre salpicando las paredes. Sólo calma. Intenté caminar, pero había pasado tanto tiempo cayendo que no recordaba cómo avanzar hacia adelante. Pero cómo olvidarlo, tú estabas ahí, tomaste mi mano y me enseñaste a andar de nuevo, a pisar mejor y más fuerte. Juntos caminamos, aprendimos a escalar y volvimos a subir hacia arriba. Dejamos el suelo y volamos por encima de las nubes. Lo habíamos conseguido, habíamos dejado de caer, sin dolor, sin sufrimiento, y habíamos vuelto a resurgir. Sólo nos necesitábamos el uno al otro.
Gracias, XIII.
Pasé meses cayendo sin sentido, aturdida y mareada. Por el camino creí que podía intentar volar, pero sólo fue un paracaídas provisional que frenó un poco la caída, sólo por un tiempo. Los hilos se rompieron, me enredé en ellos y volví a caer a toda velocidad y más indefensa que nunca. Te encontré por el camino, tú también caías, aunque no querías que así se viese. Parecía que flotabas. Tú, tan seguro de ti mismo, tan fuerte, tan diferente. Aún así, no quise verte. Me había acostumbrado a la caída, significaba que mientras cayese seguiría conectada a lo que me había soltado. Supongo que ya no quería aterrizar, quería seguir en ese vacío, agarrándome a mis recuerdos. Recuerdo que revoloteaste a mi alrededor, intentaste darme alas, pero yo no quise aceptarlas y te espanté como si de una mosca se tratase. Lo que no vi fue que no era una mosca, si no el fénix que me haría resurgir de las cenizas. Pero no lo ví. No quise verlo. "Tiempo al tiempo" dijiste. Yo no escuché. No quise escuchar. Seguía cayendo, pero ahora tú vigilabas mi caída, cada metro que descendía, tú lo estabas controlando. Siempre tan controlador y seguro de ti mismo. A pesar de mis negaciones, tú no abandonaste. Estabas ahí, y yo te veía, pero no quería verte. Y no sé cómo llegó, cómo ocurrió, acabé viéndome amarrada a ti, cesando la caída, apaciguando el dolor. Creaste nuevas cadenas y borraste las anteriores. Conseguiste devolverme la esperanza, como un ángel alado que trae la salvación a la Tierra. Sólo que no era la Tierra, si no mi vida, y tú la estabas arreglando. Me acunaste en tu pecho y luchaste con la fe de que mis heridas sanasen y abriese los ojos para verte. Y te vi. Eras tú. Y nuestros pies tocaron el suelo. No hubo dolor, ni golpe, ni sangre salpicando las paredes. Sólo calma. Intenté caminar, pero había pasado tanto tiempo cayendo que no recordaba cómo avanzar hacia adelante. Pero cómo olvidarlo, tú estabas ahí, tomaste mi mano y me enseñaste a andar de nuevo, a pisar mejor y más fuerte. Juntos caminamos, aprendimos a escalar y volvimos a subir hacia arriba. Dejamos el suelo y volamos por encima de las nubes. Lo habíamos conseguido, habíamos dejado de caer, sin dolor, sin sufrimiento, y habíamos vuelto a resurgir. Sólo nos necesitábamos el uno al otro.
Gracias, XIII.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)